Carta de la escuela de Carlos Paz a la escuela de Concepción

Queridos hermanos en la danza y en la vida de Concepción, Queridos Marta y Francisco, y cada uno de ustedes.

Es hoy un día especial en el que, varios de ustedes completan la primera parte de la formación como facilitadores de Biodanza, porque la que llamo segunda parte es de aprendizaje permanente y sin nueva titulación.

Han sido guiados y acompañados amorosamente por dos seres de Luz, como son los directores de su escuela. Íntegros, inteligentes, amorosos, cuidadosos y responsables, mucho más allá de lo que puedan imaginar.

Me honra su amistad y encuentro que su profesión y misión se fusionan en un accionar fértil y coherente. A los nuevos profesores, les pregunto: Qué clase de clase quieren ofrecer?

Clase refiere sencillamente a una multitud reunida, a un conglomerado de personas agrupadas sin identidad personal, como cuando decimos “clase social”. Podemos también asociar la palabra clase a clásico, que implica un ser digno de imitarse, una figura principal.

Biodanza no es afín a clase, como grupo sin identidad, ya que potencia lo que cada uno es permitiéndole manifestar la riqueza de sus potencialidades.

Tampoco propone imitar a nadie sino vivir la propia vida, construyendo creativamente su camino existencial. Hay otra posibilidad de pensarlo. Ir a la palabra clase encerrada en la raíz hebraica cal o col, con el significado de voz, llamado, sonido.

Tal vez pase por ahí, no por convocar multitudes o por querer convertirnos en modelos a seguir, sino en procurar que cada clase sea un “llamado”. Un llamado a la vida, un llamado al corazón para que se abra, y a la consciencia para que se expanda.

Hoy más que nunca la humanidad necesita despertar del letargo. Erich From escribió en el siglo pasado: “En el siglo XIX el problema era que Dios estaba muerto, en el siglo XX el problema es que el que está muerto es el hombre”. Y dice Marcelo Polakoff, son éstas, épocas complicadas, que hacen pensar que al final de esta centuria haya un doble asesinato: un
siglo sin humanos y sin Dios.

Cuánto por hacer, facilitadores de Biodanza, facilitadores de vida!!! Llevar a cada región, a cada pueblo, a cada ciudad el conforto de una mirada, la tibieza de un abrazo, el mensaje solidario de una ronda…

Hemos heredado y vivimos en un sistema construido contra el ser humano, porque está fundado en el egoísmo, la especulación y la usura por eso, tarde o temprano tiene que caer, por eso necesitamos ir construyendo bases vitales, semillas comunitarias organizadas desde el amor, el respeto y la piedad por el prójimo. La violencia pone distancias, abre desconfianzas, miramos al extraño y hasta al vecino con recelo. Esta división nos hace fácilmente gobernables. Pero aparecemos nosotros, facilitadores de biodanza, con algunas músicas seleccionadas,
sabios ejercicios y propuestas de encuentro y el fenómeno social de solidaridad vuelve a renacer.

Queridos y queridas colegas: Han sintetizado en la elección de esta formación muchos valores esenciales para la vida. Les queda aplicarlo con entrega, dedicación y humildad sembrando en el mundo semillas de paz.

Los amo, les deseo sabiduría, plenitud y realización. Los abrazo intensamente desde Carlos Paz

Estela Piperno