Biodanza: Una invitación a vivir

Vivir, aprender, amar, crecer, van juntos.

Aprender; no importa el tiempo espantoso que nos toque vivir. Crisis económicas, enfermedades, pérdidas. Siempre hay algo que se puede hacer, siempre hay algo que se puede aprender. La aceptación aparece como una ley fundamental del crecimiento personal. Consiste en ver algo tal como es, sin juicio de valor.

No es aprobar, consentir, sancionar o acordar. No es defender, apoyar, cultivar o gustar de lo que es. Es aceptar que esto es así. Yo existo, estoy aquí, hago mi vida y nadie la vive por mí. Nadie puede sufrir mi no ser como lo sufro yo. Cada mañana debo decidir levantarme de la cama y vivir. Desarrollar una nueva responsabilidad: la de tratarnos con amor y responder hábilmente a la vida.

Saint Exupery decía “Tal vez el amor sea el proceso por el cual te conduzca delicadamente de regreso a ti mismo”.

Tratarnos con compasión y respeto, como alguien que nos ama incondicionalmente. Ante las autocríticas que suelen desencadenar las frustraciones o lo que comúnmente llamamos fracasos, propongo una simple pregunta-¿cuándo fue que no me amé? Otros pueden ayudarnos a potenciar nuestro amor incondicional, y es el grupo.

Biodanza no se trabaja en forma individual, es el grupo el que crea el ámbito propicio y nutritivo para el gran reencuentro integrador. Vivir aunque sea unas horas esa realidad afectiva y sensible que surge de la combinación del encuentro, la música y el movimiento, impulsa a muchas personas a recuperar el coraje y enamorarse de la vida.

Hasta el sistema inmunológico a veces se despierta y dice- Ah, vale la pena vivir, porqué no me avisaste antes? Esa es la potente invitación de Biodanza, que es Ciencia, Arte, Amor.

Estela Piperno